Taller de altares en Filadelfia: Una entrevista con el artista mexicano César Viveros

13533308_10154294756507350_6578431374972799687_nEs una entrevista realizada en el espacio digital sobre el curso de altares que César Viveros enseña en Fleisher y un poco sobre su inspiración artística. 
Celeste: Yo me enteré de Ud. y su trabajo a través de Fleisher Art Memorial. Vi un anuncio sobre un curso de altares para Día de los muertos. ¿Cómo surgió este curso? ¿Qué harán los estudiantes en el curso? ¿Puede describir los materiales que van a usar?

César: El curso de altares de día de muertos en Fleisher Art Memorial ha empezado, serán solamente  4 dias intensos en los cuales los participantes  han sido introducidos a esta tradición de Dia de muertos, la cual ha cobrado gran auge en Estados Unidos. Este es el tercer año que Fleisher trabaja conjuntamente con la comunidad  en estos festejos y este año fui invitado como el artista que dirija la instalación del altar tradicional  de día de Muertos. Así que durante 4 días  quisimos enseñar un taller donde la gente pueda construir sus propios ” altarcitos”  los cuales son miniaturas simplificadas de los altares tradicionales. Los estudiantes  han diseñado el altarcito basado en sus ideas y con dibujos simples  empiezan a materializar su diseño. Normalmente  centran  su figura principal en algún familiar o amistad que haya partido al mas allá. Usualmente se construye una base de madera o cartón que soporte la composición  y se procede a  fabricar los elementos que en su mayoría son hechos con alambre , papel-mache  (paper and corn base paste ) y pinturas.

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Celeste: ¿Cuándo comenzó a hacer arte?

César: Siempre cuento la historia de mis primeros años cuando  en la temporada de lluvias en la zona de Veracruz, México. Después de que la gente solía hacer  hoyos profundos en la tierra para incinerar o enterrar la basura (orgánica o inorgánica ), porque no había un servicio  de parte del ayuntamiento de la ciudad que lo hiciera, así que continuamente había  barro húmedo , muy característico del subsuelo  Veracruzano. ( Hay  que notar que  en esa área se han hallado muchos vestigios de un estado avanzado en el desarrollo de este tipo de  arte, correspondientes a civilizaciones  que sobresalieron muchos siglos antes del arribo de los Españoles al nuevo continente ) y es precisamente aquí que a la edad de 5 años empiezo a incursionar en  la construcción  de  artefactos de barro como único medio para entretenerme  en el tiempo libre que  como infante se pueda tener.  Las limitaciones que pudiese tener en cuanto el espacio para desplazarme a esa edad , las suplía viajando en el espacio imaginario. Eso me ayudaba a crear mundos alternativos mientras amasaba el barro dando formas múltiples  que me permitieran  divertirme  mientras descubría  cosas que  no tenían ninguna influencia académica–debido al aislamiento de nuestra  comunidad  en relación con otras ciudades que tal vez pudieran tener acceso a algún tipo de educación artística.

En la escuela secundaria, algunos profesores se dieron cuenta que a un amigo, su hermano ( Nicolás y José Nava) y a mi nos gustaba dibujar  y pintar mucho así que  nos dio la oportunidad de pintar en  gran  formato para que pudiéramos hacer murales portables que se pudieran usar como  fondos para festivales. Recordemos que en México cualquier ocasión es buena para hacer pachanga ( fiesta). Entonces teníamos la oportunidad de contar con recursos para desarrollar estos proyectos que considero no eran tan comunes en nuestro medio un tanto cuanto  limitado. Con esos antecedentes podría aparecer extraño que no decidí estudiar arte o alguna disciplina relacionada con esa área como arquitectura o diseño gráfico. Pero en cuanto  terminé la preparatoria y un curso técnico en un colegio Nacional de Educación Pública, decidí aventurarme a trabajar en el área de la zona Petrolera de Campeche, buscando oportunidades económicas que en cierta forma me alejaban de  cualquier inclinación de la plástica visual.

Sin embargo  en un par de años  trabajando en la zona de las plataformas petroleras de la zona del Golfo de México, tuve la oportunidad de empezar a pintar murales en las barcazas de una Empresa llamada Corporación de Construcciones de Campeche , de una manera informal. Mi trabajo oficial era  desarrollar actividades subacuáticas como buzo industrial. Es ahí donde decido retornar en serio  mi verdadera vocación. Pues  mientras trabajaba ahí, empecé a tomar comisiones por retratos y pinturas comisionadas por el personal Norteamericano que trabajaba en la zona de Campeche.  En consecuencia cada vez que tenia oportunidad realice múltiple murales en escuelas secundarias en la ciudad de Veracruz que me permitieron definir mi estilo y mi propia técnica.

Para más información sobre César Viveros, vean su página de Facebook:

https://www.facebook.com/cesar.viveros.904

Para más información sobre FLEISHER ART MEMORIAL y sus eventos de Día de los muertos: http://fleisher.org/community-programs/dia-de-los-muertos/

 

The Book of Life: Testimony of a Shared Heritage?

For centuries the United States (and what were once the British colonies/US territories) has been intertwined with the people who live in the area today known as Mexico. In fact, part of the USA, the state of Texas and much of the Southwest was part of Spanish territory. Although in the north of the USA one does not readily feel this legacy as strongly, it is quite obvious in the region that used to be part of Spanish territory/Mexico, and that currently share a border with Mexico.
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As a child growing up in New York City, Spanish was always there, but there were no (or very few) Mexicans. The majority of Spanish speakers were Puerto Ricans or Nuyoricans, and perhaps some Cubans. Gradually this began to change and today in New York City (and its tri-state area, including New Jersey and Connecticut), Spanish speakers hail from all over Latin America and Spain. There is even a sizeable Mexican immigrant population–even though some of them hardly speak Spanish, but indigenous languages.  It is fascinating to see today that Mexican culture has spread from the Southwest to the East Coast via more recent immigration. The midwest already had a Mexican-American population which came by early railroad to work in agricultural and meat packing industries some four generations ago.

Words like “fiesta,” “cinco de mayo,” “loco”, “no problema” are now part of the American English lexicon. Americans not only eat at Mexican restaurants and fast food joints, but also have been preparing chile, tacos and other Mexican-derived foods for decades. Go into any grocery store in the country and you’ll find tortillas, guacamole, tortilla chips, jalapeños and salsa. In spite of the love-hate relationship with Mexico–the rejection of it expressed through rabid xenofobia and prejudice against Mexican immigrants, and the acceptance through the consistent use of cheap immigrant labor and more positively, the cultural mixing–it cannot be denied that there are certain areas of the USA that have always been hispanic. These are: Florida, Texas, New Mexico, Arizona and California. For sure,  Mexico and many things mexican, are now in our blood.

The Alamo. San Antonio, TX

The Alamo. San Antonio, TX

The fun and colorful children’s film The Book of Life (in Spanish: El libro de la vida) is a reflection of this history and cultural intermingling. It unites a cast of talented, mostly latino voice actors to tell a love story–the triangle between Manolo, Joaquín and Maria. Guillermo del Toro, of Mexican descent produced the animated feature and Plácido Domingo (opera) and Zoe Saldana (Star Trek) and Kate del Castillo (Mexican soap operas and Bajo la misma luna) are well known international celebrities that lend their talents.

The Mexican holiday, Dia de los muertos, The Day of the Dead, is prominent in the film. This holiday has Aztec origins but was tolerated by the Catholic Church in Mexico. The Day of the Dead is a remembering of those that have passed on. But unlike the somber funeral of mourning, that is characteristic of death in U.S. culture, it is celebratory and festive. The Day of the Dead is often celebrated as two days in some parts of Mexico. One day is in rememberance of the infants and children who have died and the other day is for the adults. The concept behind it is that by remembering what these people were like, one will feel their presence on The Day of the Dead.  They will return in spirit. Mexican people who celebrate it, go to cemetaries with flowers, music and food and have a big party to welcome back their dead ancestors. They also make altars at home too, with candles, skulls, mask, and figurines that represent their dead loved ones and ancestors. There is a special pan de muertos (bread for the dead) that is baked for this holiday. The figurines show their deceased family doing activities that they enjoyed doing while alive and other foods and beverages that they liked are also prepared. All of these features of the holiday appear in the movie and the characters even look like the skeletal dolls that represent the dead on the altars.

Day of the Dead figures

Day of the Dead figures

The movie is lighthearted and the characters endearing. It is full of color, music and folklore. It is spoken and sung mostly in English, but there is a Spanish version that is playing in Spanish speaking countries. The Book of Life meshes the Mexican with the United States language (English) and its manner of presenting the story is simple and accessible to most. It is perhaps consoling to Mexican-Americans living in the Southwest, and familiar to a younger generation of “anglos” who have learned of Day of the Dead in school or in community events. At any rate, this is an uplifting and fun story that is educational and enjoyable to watch unfold. Go see it!